El Cigarrillo

Según Búbu, dejó de fumar a los 25 años. Sin embargo, mi recuerdo data de una vida entera con los Jockey Club quemando hasta las sábanas de su cama. Tuvo su ángel de la guarda siempre que no permitió ningún incendio. Los dejaba prendidos por toda la casa, por lo general ni llegaba a fumarlos. A los 75 años lo dejó. Y sí, fue drástico pero pasaron muchos años de ese vicio.

Fumé Jockey Club y los importados, ahora no me voy a acordar. Primero Jockey Club y después los importados. Creo que era Kent, no me gustaban mucho. No sé si t o d, Kend, Kent. No estoy peinada ni nada. Oíme, ¿no hay ahí una bandeja? Para que pongas el libro, que es una incomodidad. Por respeto a Dios que prohibía el cigarrillo, yo dije… mirá yo voy a fumar porque el mal me lo hago a mí misma. Si vamos a pensar bien yo igual demostraba a la gente que era una viciosa, ¿entendes? No podía ocultarlo. Yo nunca oculté nada de mi vida. Sigue leyendo “El Cigarrillo”

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Pasando revista

El otro día Búbu leía una revista, esto comentaba mientras pasaba las páginas:

Ay, ¡qué ridícula pollera! Yo no me sacaría una foto de esa forma tan rara y tan insinuante, ¿no? Porque es fea, no me gustan las fotos que insinúan algo que no es…para mí no es gracioso. Ay ¡qué horrible! le salen los pómulos acá arriba, ¿ves? Ahora todas tienen los mismos dientes, no tienen personalidad. Esta yo ya la vi 300 veces pero siempre hay alguna cosa que no vi y entonces la puntualizo. ¿Beba ya se fue? ¿Eh? ¿Ya se fue? ¿Hace mucho? ¿Hace mucho? Ay, no me lo digas. No, no lo puedo saber, no me entra en la cabeza como una realidad. No, porque Beba nunca se hubiera ido sin despedirse de mí. Hay chicas feas, ¿eh? En serio te digo.

Su casa

Botón del timbre. Saludar a la mujer que abre la puerta. Pasar por el hall, en el pasillo toparse con algún que otro inquilino temporal, sonriendo con esas caras que hablan. Hablan y dicen que no estuvieron dispuestos a seguir en la realidad construida por ellos mismos y que por eso están ahí. Hablan y dicen que el deseo de volver a ser niños fue más fuerte que ellos.

Escaleras. Tercer piso.

Pasar la puerta del cuarto, la casa de Búbu que ella nunca reconocerá de esa manera. Sentada en su silla al lado de su cama. Porque ella es dueña de todo lo que hay ahí, los pequeños objetos materiales que son suyos, lo hace saber cada vez que recibe a alguien.

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Prefacio

Visitar un geriátrico es entrar a un mar de recuerdos. Hay olor a pasado, a balance, a cuerpos gastados, mentes confundidas. Gente que olvidó porque el recuerdo los transformó. Vivir hoy esperando a que decidan llevarlos para cerrar el ciclo. El ciclo que es todo.

La mente juega por todo lo que las extremidades no permiten, por tener que estar postrado aguantando solo con el sistema interno o no visible. La imagen debilitada le otorga a la palabra los honores para continuar.

Se oyen voces, gritos y los sonidos del silencio. Vivir por la experiencia pasada, ¿vivir? Para los que todavía los necesitan. Hacerlo como una carga.

Escritos de sesiones en El Geriátrico intenta mostrar en palabras de una señora de 86 años cómo es el camino al fin, ¿eso existe? Intentando revivir pasados por la imposibilidad de seguir construyendo.

Búbu nos lleva a una aventura por su vida. Reflexiones de una hija, mamá y abuela acerca de las cuestiones principales en la vida de cualquier persona.

Jueves 21 de septiembre

¿Qué me dicen buenas tardes? yo no digo buenas tardes. A mí no me conoce nadie. No me gusta cerrar un libro sin haberlo leído bien. ¿Quién murió? Es feo creer que unos murieron y otros no murieron. Paula con sus rarezas, pero ella estaba enamorada. Cómo lo quería… dicen que el amor es ciego. No puede pretender que todos lo quieran. Yo pensaba en el beneficio que le daba a otra persona. Lo dejaba venir a casa, a espaldas de Guillermo. Me retaba como a una chica, yo siempre fui su hija. Paula, tu hermana. No, no es mi hermana. ¡Ay, me hago un lío! Para mí son todas mis hijas. Sigue leyendo “Jueves 21 de septiembre”