Búbu cipaya y gordofóbica

Ay, yo tenía la revista, ahí hay una revista grande que a lo mejor te sirve de apoyo, ¿no es una revista? ¿Qué es? Empezamos un nuevo día, es imposible de saber de qué se trata porque hasta que lo divulgamos, no sabemos. Veremos qué pasa.

Empecé el 27 de septiembre de 2017 a preguntarle a Búbu qué comían en su casa y, lo de afuera pareciera ser mejor según lo que recuerda. Los de afuera. La comida de otro lado. Además, derivó la sesión de aquél día en los kilos, en el ser flaco vs. ser gordo. La palabra ‘normal’, para describir a una persona.

Miren ustedes qué pasó y el pensamiento que alguien podía tener y, lo peor…se puede seguir teniendo.

¿Qué comían en tu casa? – comida fabulosa porque eran muy europeas, no eran argentinas. Porque mis abuelos eran españoles y mis tíos también. O sea que todos manejaban para su país. No manejaban, era bárbaro. Desayunábamos cada uno, les llevaban el desayuno a cada uno, los que querían. Después nos vestían para ir al colegio, si era época de colegio y bueno, después al colegio y después volvíamos a casa, estudiábamos. Mamá era flaca ya orgánicamente. Ni de grande ni de chica, si me ves en las fotografías vas a ver unas patitas de tero, en la playa se veía un esqueleto que estaba parado. Yo no veía otra forma de ser. Cuando veía una persona muy gorda no me gustaba, en cambio veía una flaca y me parecía normal, ¿entendes? Oliva era una mujer mayor, era abuela pero no era gorda. Para su edad estaba bien. Como la quería tanto, cuando uno quiere mucho no ve la cosa que no le gusta. Marietita, ¿mi hija? Siempre fue un esqueleto, nunca fue gorda. Teniéndome a mi no la iba a dejar engordar tampoco. Pero no tuve necesidad porque ella naturalmente estaba flaca. Mis hermanos flacos, flacos, flacos. Mis tíos no eran gordos, todos eran naturalmente flacos, no eran gordura. Entonces yo me críe con los flacos. Era como un delito ser gordo. Nunca hice regímenes de comida, de cosas. Nunca engordé, eso era lo triste. Aunque me hubiera costado la vida porque yo no estaba con los gordos. Cuando estaba embarazada engordé, creo que fueron… no me acuerdo ahora los kilos. Pero no era gorda ASÍ como esta chica que viene de guardia. Nunca viví con gordos tampoco…mis tíos eran flacos, mis hermanos eran flacos, mis amigas eran flacas. Me encantaba caminar por la calle con la panza pero después adelgacé enseguida, la gordura no estaba en mí. Gorda no. Acá hace frío en este cuarto…Martín no era gordo pero se cuidaba, era muy coqueto. Tenía su dietóloga, todo. Siempre querían adelgazar los gordos del momento. No le importaba a María si eran gordas o flacas, eran gorditas pero eran chicas, no sé…no las conceptúo gordas. Pero tenía una madre que era anti-gordas asique yo no la eduqué para ser gorda del tipo “comé, comé” para que engorde, nunca. Era estricta. Mamá era un esqueleto. Mamá comía muy bien, por eso yo no veía que en la comida estaba mi problema. Nunca fui comilona, nunca fui nada de eso. Tu madre tampoco era gorda, bueno tu madre soy yo…no. Marietita no es gorda pero siempre se cuidaba, a muerte. No tenía necesidad de ir al dietólogo ni la nutricionista. Ella siempre me decía “mamá yo no quiero ser gorda”, tenía una obsesión que se la habré pasado yo porque era directamente que no me gustaba engordar. Pero no hacía nada, pero comía poco…no comía mucho. Nunca fui gorda. Ni tampoco me gustaban los gordos, no. No, no, no. Lo adoraba al Puma, era mi gordo. Se quedaba a dormir, no en la cama mía conmigo. En su cuarto, tenía un cuarto para él. Él venía, entraba, era un gordo pesado pero me encantaba. Marietita le encantaba, lo quería muchísimo a Puma. Me marea ya ver la televisión. Mis primas tampoco eran gordas, ninguna. Una un poquitito con tendencia a ser gordita pero nada deslumbrante. Gordos en casa no hubo. Y mis abuelos eran elegantes, después te voy a mostrar las fotos de algunas formas para que los veas. Me desagrada, no una locura, pero no tengo piedad…no tengo mucho deseo de estar con él. Pero si es lúcido, si es inteligente no me importa. Borraba la gordura. Vos no vas a ver gordos en las fotos mías me parece. Empezando por mí. El chocolate era mi pasión y sigue siéndolo. Pero hacía una vida normal.

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Cecilia

continúa el paso de Búbu por el geriátrico, esta vez se suma un personaje que andaba por el pasillo buscando a Cecilia:

(toctoc)

. Búbu -Síii Pase…
(toctoc y se abre la puerta)
. Búbu -Ahhh, pasá.
– Creí que estaba Cecilia
. Búbu-No
-Ah, porque busco un calmante…
. Búbu -¿Qué calmante? Ah, yo no sé. Pero yo no te puedo dar nada, no tengo nada.
– No, no, no.
. Búbu-¿Queres que te de?
– Yo la buscaba a ella, no te quiero comprometer.
. Búbu -Pero ¿queres que te vaya a pedir yo?
-Nooo, quiero…Usted quiere dar todo y la vida no es eso.
. Búbu-Bueno, no voy a dar nada…
-Además está muy bien acompañada.
. Búbu-Ah, está muy contenta con vos. Ayer…
-Ah, pero es la…
. Búbu-Te está hablando.
-¿La hija que viene del campo?
. Búbu-Sí.
. M-No, yo no soy esa.
-Bueno, pero viviste en el campo toda tu vida.
. M- Yo soy la nieta.
– Claro…
. Búbu-Claro la grande…
-Pero la mamá me fascinó a mí porque tenía ese aire natural del campo.
. Búbu -¿Quién es la mamá? No la ubico yo…
. M-Espero que encuentres el calmante…
-Desde ayer que lo busco… Bue…
-No…ah Cecilia, sí.
. Búbu -Y, ¿qué calmantes?
-Por eso la vine a buscar. Gracias, muy amable.

Cuando la mujer se fue y cerramos la puerta del cuarto, Búbu hizo un pequeño comentario acerca de este ser que acababa de interrumpir nuestro encuentro:
Tardó un año en pasar y mirar para adentro. Después pasaron dos o tres meses que “hola” y empezó a hablar un poquito y ahora está que se acuesta en la cama. Pero es buenísima. El nombre no, para los nombres…ay, no. Bueno, ya lo voy a saber.

El Cigarrillo

Según Búbu, dejó de fumar a los 25 años. Sin embargo, mi recuerdo data de una vida entera con los Jockey Club quemando hasta las sábanas de su cama. Tuvo su ángel de la guarda siempre que no permitió ningún incendio. Los dejaba prendidos por toda la casa, por lo general ni llegaba a fumarlos. A los 75 años lo dejó. Y sí, fue drástico pero pasaron muchos años de ese vicio.

Fumé Jockey Club y los importados, ahora no me voy a acordar. Primero Jockey Club y después los importados. Creo que era Kent, no me gustaban mucho. No sé si t o d, Kend, Kent. No estoy peinada ni nada. Oíme, ¿no hay ahí una bandeja? Para que pongas el libro, que es una incomodidad. Por respeto a Dios que prohibía el cigarrillo, yo dije… mirá yo voy a fumar porque el mal me lo hago a mí misma. Si vamos a pensar bien yo igual demostraba a la gente que era una viciosa, ¿entendes? No podía ocultarlo. Yo nunca oculté nada de mi vida. Sigue leyendo “El Cigarrillo”

Pasando revista

El otro día Búbu leía una revista, esto comentaba mientras pasaba las páginas:

Ay, ¡qué ridícula pollera! Yo no me sacaría una foto de esa forma tan rara y tan insinuante, ¿no? Porque es fea, no me gustan las fotos que insinúan algo que no es…para mí no es gracioso. Ay ¡qué horrible! le salen los pómulos acá arriba, ¿ves? Ahora todas tienen los mismos dientes, no tienen personalidad. Esta yo ya la vi 300 veces pero siempre hay alguna cosa que no vi y entonces la puntualizo. ¿Beba ya se fue? ¿Eh? ¿Ya se fue? ¿Hace mucho? ¿Hace mucho? Ay, no me lo digas. No, no lo puedo saber, no me entra en la cabeza como una realidad. No, porque Beba nunca se hubiera ido sin despedirse de mí. Hay chicas feas, ¿eh? En serio te digo.

Su casa

Botón del timbre. Saludar a la mujer que abre la puerta. Pasar por el hall, en el pasillo toparse con algún que otro inquilino temporal, sonriendo con esas caras que hablan. Hablan y dicen que no estuvieron dispuestos a seguir en la realidad construida por ellos mismos y que por eso están ahí. Hablan y dicen que el deseo de volver a ser niños fue más fuerte que ellos.

Escaleras. Tercer piso.

Pasar la puerta del cuarto, la casa de Búbu que ella nunca reconocerá de esa manera. Sentada en su silla al lado de su cama. Porque ella es dueña de todo lo que hay ahí, los pequeños objetos materiales que son suyos, lo hace saber cada vez que recibe a alguien.

Sigue leyendo “Su casa”

Prefacio

Visitar un geriátrico es entrar a un mar de recuerdos. Hay olor a pasado, a balance, a cuerpos gastados, mentes confundidas. Gente que olvidó porque el recuerdo los transformó. Vivir hoy esperando a que decidan llevarlos para cerrar el ciclo. El ciclo que es todo.

La mente juega por todo lo que las extremidades no permiten, por tener que estar postrado aguantando solo con el sistema interno o no visible. La imagen debilitada le otorga a la palabra los honores para continuar.

Se oyen voces, gritos y los sonidos del silencio. Vivir por la experiencia pasada, ¿vivir? Para los que todavía los necesitan. Hacerlo como una carga.

Escritos de sesiones en El Geriátrico intenta mostrar en palabras de una señora de 86 años cómo es el camino al fin, ¿eso existe? Intentando revivir pasados por la imposibilidad de seguir construyendo.

Búbu nos lleva a una aventura por su vida. Reflexiones de una hija, mamá y abuela acerca de las cuestiones principales en la vida de cualquier persona.